viernes, 25 de diciembre de 2009

AMANECER

AMANECER.

El amanecer viene, se acerca, me ataca con su interminable certidumbre, con el frío solitario de una casa vacía.

El amanecer ya viene y viene colmado de testarudos recuerdos, recuerdos de voces y risas, de gritos y regaños, de gemidos y chillidos.

El amanecer ya viene y no puedo verlo al rostro.

Me aterro, huyo entre las sábanas que aún tienen olor a tu jardín, me refugio entre el mullido de las almohadas y grito que es muy pronto para despertar, me araña la realidad y me abofetea con rudeza, de frente y con orgullo; me humilla, me mutila y esparce mis pedazos ante este frío y prejuicioso amanecer.

La habitación corroída por el desuso hiede a dolor a ansiedad… a miedo. Las grietas de sus muros crecen ante el tiempo, ante la soledad, ante mi soledad… ante tu ausencia, ante el olvido.

Vencido por los rayos quemantes que destruyen mi fuerte de seda blanca, me levanto como sin sentirlo, rehuyó de mi higiene y me pierdo dibujando tu silueta entre mil colores brillantes sobre un nicho de flores carmesí.

La casa huele a ti, a tus movimientos y a tus miradas, la casa sabe a ti, a tu piel, tu sudor y tu saliva, a tus pechos…. A tu sexo.

Temeroso regreso de mis fantasías, aterrado por los gritos del amor que yace agonizante en una esquina, aferrado a tus pantaletas colgadas aún en la cama.

¡Teme corazón teme, atérrate porque el amor muere, llora corazón tu pena que grande es tu perdida!

¡Muere amor muere, que tu tiempo se fue con sus maletas y las horas solo corroen mi cabeza!

¡Púdrete amor púdrete, que la humedad ha desgarrado tu piel y tus órganos los engullen las ratas!

Destruye soledad, ¡destrúyeme! Maldita bestia carnicera, mátame de un tiro y que el cielo testifique mi deceso, arráncame el corazón y bebe de él, y come de él…

¡ Desaparece me! Y que sus recuerdos y los míos, solo sean un mal sueño, una mala historia…

Nada.

Kissme Kissme Kissme.

Kissme Kissme Kissme.

-Susurros, aullidos-

Oculto entre sombras.

Acecha encantado.

Su presa lo ignora.

Sus ojos sigilan.

Sus ojos brillan.

¡El deseo aumenta!

La noche lo oculta, la excitación perturba.

¡En un rugido ataca!

Sobre las sabanas rojas, su victima despierta pero es tarde ya, Con fuerza delicada perfora sus muñecas sobre las sabanas, con cruel ternura mordisquea su cuello.

Gimoteos sutiles delatan el sufrimiento, la agonía placentera y demencial.

Caricias… una batalla eterna, mitológica.

La desesperación aumenta y sus dedos se hunden entre los hilos, los gritos se a crecentan y la victima es vencida lentamente, suavemente, la bestia golpea con fuerza sobre ella…

-Dolor- ¡No! ¡No!

Ternura, ansiedad, frustración, ¿¡Qué, que es!?

Susurros que me dominan, ardor que me arrebata, la necesidad obsesiva de seguir, y este asfixiante miedo que mendiga piedad.

Vesania por arrancarme la piel y sucumbir ante este sádico sádico…

BESO.