De ganas.
Hoy estoy de ganas, ganas de caminar de cabeza, recorriendo con parcimonia somnolienta las calles de esta ciudad de barro y polvo.
Ganas de salir volando por la ventana de mi habitación hacía el vacío irreconocible de los ideales ajenos e impropios.
Ganas de escuchar la música fuerte, ese sonido estridente que exprime las fuerzas de mis tímpanos, haciéndolos zumbar con premura.
Ganas de escribir hasta que el lápiz se acabe y mi mano se agote, sin necesidad de escribir prosas o rimas o algún cuento presuntuoso como hay muchos, solo escribir palabras, ideas, sensaciones, sin cohesión o sintaxis solo… escribir.
Ganas de gritar hasta que mi garganta se desgaste y mis cuerdas bucales se rompan una a una como las de una guitarra que afinaron con descuido.
Ganas de rasgar el barniz de los muebles con mis uñas, romper el papel tapiz a mordidas.
Ganas de golpear el piso con los nudillos desnudos, esperando que la sangre que salga de ellos apacigüe mi incomplacencia.
Ganas de tomar al amor por las caderas y corromperme un poco sobre un lienzo blanco de algodón.
Ganas de tener ganas, de incoherencias, de vivencias, de risas y depresiones.
Ganas de correr desnudo por la ciudad libre.
Ganas de la indecencia, aparcar el pudor afuera y dejar correr los instintos.
Ganas de tener un árbol que escuche estos desvaríos, de hablar, gritar, cantar, devorarme a mi y a todos con las manos sucias, por las calles que recorrí de cabeza, esas calles de esta ciudad.
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