domingo, 29 de mayo de 2011

Un día como tantos otros.

Un día como tantos otros.

Solo, vagaba por las callejuelas de esta vieja ciudad y me perdía entre los susurros agonizantes de las sombras olvidadas. Caminaba sin sentido, entre lúgubres paisajes y caóticas ideas, buscando, asechando el último ápice de esperanza que tuviera mi alma, oculto entre los basureros rancios y oxidados de las esquinas pobres.

Poco a poco me hundía entre la inmundicia barbarie de los hombres, de sus miedos y crueldades, de sus ansias y su codicia. Aturdido observaba como el tiempo corría entre sollozos y suplicas ante siluetas sin rostro, ante voces sin nombre, ante un grisáceo inmenso como los océanos mismos.

Sobre las aceras de barro y mugre yacían pues los sueños y fracasos, las vidas y las muertes, las voces y las miradas de manchas borrosas entre el tumulto diario. Por aquí y por allá andaban las presas y los cazadores, danzando inocuos los bailes ancestrales del instinto, ruidosos, incapaces de creer o ver más allá de los muros caducos de la “moral” y las “buenas costumbres”.

Caen las cuerdas mismas de la libertad pendiendo así de hilachos tan frágiles como su misma existencia, pasean sus rostros libres de vergüenza, como si su obra debiera ser orgullo, como si sus acciones estuvieran justificadas en su ignorancia, como si la vida misma y el aliento de la naturaleza fuera solo un recuerdo molesto, un mal sueño, una simple y vana leyenda. Asqueado ante la condición de mi especie corría sin control, exhausto, furioso, ¡horrorizado! Horrorizado sí, ante mi mundo y su destino, ante la repugnancia que significa vivir por estos senderos, ante lo podrido en donde esta hundido todo.

Vago por estas calles de mugre y polvo, de hambre y llanto, de carne podrida y sangre, vago sin esperanzas, sin sueños y sin vida, vago hoy yo, alma olvidada por el vaivén de esta película en cámara rápida, de esta mala comedia de humoristas negros, de esta sucia realidad que me aterra, en la cual los ideales se hacen de papel y la belleza se ha vuelto entretenimiento de fríos ojos tras cristales de aparador. Aquí y ahora, vago hacía mi morada, mi refugio donde tras rejas de hierro y lastre mi carne se redima y mis ojos cicatricen las llagas del mundo que ahí crece ante ellos.

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